Azúcar de Castilla negociado en Manhattan

Hace unas semanas compré un Kg de azúcar blanco por 60 céntimos de euro. Me llamó la atención que por primera vez en muchos años, el precio del azúcar no oscilara alrededor de los 90 céntimos, un producto cuya característica principal era la estabilidad del precio y la escasez de marcas ofertadas.

La casualidad me ha llevado a estudiar un sector, el azucarero, que se encuentra en un momento clave de su historia. Europa se ha visto obligada a liberalizar un sector que llevaba décadas siendo intervenido (de ahí la estabilidad de precios que yo me encontraba en el supermercado).

En primer lugar, aclaremos de qué estamos hablando. Existen dos tipos de azúcar, el procedente de la remolacha y el procedente de la caña de azúcar. En Europa nos afecta la producción de azúcar refinado procedente de la remolacha aunque cada vez es más común el consumo de azúcar de caña, producido en países de clima tropical y refinado en el país importador.

Hasta ahora, el precio de la remolacha era fijado por la UE, por lo que la estabilidad del sector hacía que los productores de este tubérculo tuvieran un precio mínimo garantizado por tonelada producida previamente a recoger la cosecha. Por otro lado existían fuertes aranceles en las importaciones que protegían a los productores y fabricantes internos ante la competitividad del mercado internacional.

Durante muchos años, la Unión Europea asignaba una cuota máxima de producción a cada país a un precio mínimo. Este precio fijado por la UE estaba sobrevalorado, de manera que el producto obtenía en Europa un margen suficiente para poder venderse a precios bajos en el mercado libre internacional y ser así mucho más competitivo. De esta forma, los fabricantes europeos se aseguraban el mercado interior al tratarse de un mercado protegido y tenían la facilidad de colocar el producto en el mercado internacional. Esto cambió cuando los principales productores mundiales de azúcar denunciaron a la UE por dumping (vender a un precio inferior al coste) ante lo cual, en el año 2006, la UE se vio obligada a tomar medidas para establecer unas reglas del juego más claras.

Como consecuencia, a partir de octubre de 2017 el sistema de cuotas verá su fin, es decir, los productores europeos no tendrán límite para cosechar remolacha ni las fábricas para refinarla. Por lo tanto, el sector azucarero europeo tendrá que jugar en el mismo terreno que los productores de caña de Brasil, India o Tailandia.

Este es, sin duda, un tema controvertido que tiene muchas connotaciones:

  • La competencia es sana para los consumidores y hace a las industrias ser más competitivas y eficientes. Este es uno de los objetivos de la UE, eliminar del mercado a todos aquellos agentes que no logren la eficiencia que requiere esta industria. Esto ha hecho que en los últimos años, preparándose para la liberación del sector, se hayan reducido las hectáreas cultivadas con remolacha en España y sin embargo, haya aumentado su productividad.
  • Como consecuencia de la disminución de productores, Europa ha pasado de ser un exportador de azúcar a convertirse en el segundo importador mundial.
  • Existe un excedente de oferta de azúcar a nivel global, lo que hace que el precio baje siguiendo la ley de la oferta y la demanda. Muchos países en vías de desarrollo tienen la producción de caña de azúcar como una actividad económica principal, de ahí la gran cantidad de stocks de este producto.
  • El azúcar es un commodity (materia prima) cuyo precio se negocia en el mercado de futuros de Londres y Nueva York. El precio al que se firman estos contratos influye en el precio que se paga a los agricultores por su materia prima original. Estos contratos juegan con el precio del activo en cuestión en los meses siguientes a su firma.
  • La remolacha y la caña de azúcar se utilizan también para la fabricación de bioetanol. El interés en la fabricación de este biocomustible aumenta cuando aumenta el precio del petróleo, por lo que este factor también influye en el precio del azúcar.
  • España tiene un sobrecoste en la producción de remolacha debido a la necesidad de regar los campos, algo que no tienen que sumar nuestros vecinos europeos al calcular los costes totales por tonelada. Sin embargo, somos el único país de la UE con producción de caña de azúcar (aunque de momento muy escasa).
  • Desde un punto de vista microeconómico, el azúcar es un producto cuya demanda es inelástica respecto al precio. A pesar de las recomendaciones para disminuir el consumo de azúcar, sigue siendo un alimento básico cuyos principales compradores son los fabricantes de productos elaborados. Por lo tanto, la demanda no se ve afectada ante variaciones en el precio.

soft-commodities

En definitiva, sector del azúcar es un mercado complejo, con una fuerte intervención estatal en muchos países e influido también por la especulación financiera, el clima, el precio del petróleo y las fluctuaciones de las divisas. A la vez, es un mercado clave en las economías de países en vías de desarrollo, a pesar de que las condiciones laborales de los trabajadores en las plantaciones de caña de azúcar, no siempre son las adecuadas para poder considerar este, un sector social y ambientalmente sostenible. Algunos de estos productores de caña en países en vías de desarrollo, tienen miedo de que disminuyan las exportaciones de su producto por parte de los países europeos, que ahora podrán fabricar libremente.

Respecto a la liberalización del mercado europeo, el precio al que se vendía el azúcar en Europa ha estado falseado durante décadas. Ahora los productores y las empresas encargadas de refinar el azúcar van a enfrentarse a la realidad de un mercado globalizado, lo cual lo hace más arriesgado pero más competitivo.

Por otro lado, el consumo de azúcar cada vez se aconseja menos, por lo que a largo plazo podría disminuir su consumo. La OMS sugiere a los Estados establecer un impuesto a las bebidas azucaradas por el riesgo que tienen para la salud como se hace con el alcohol y el tabaco.

En cualquier caso, el futuro del sector azucarero es incierto para muchos miles de personas que directa e indirectamente viven de él alrededor del mundo. Veremos como en los próximos años evolucionan la oferta, la demanda y por lo tanto los precios. El uso del azúcar como base para fabricar biocombustibles es una tendencia adecuada para alcanzar los planes de desarrollo de bioeconomía que tienen la UE. Pero de momento el futuro del azúcar y concretamente de la remolacha azucarera está en el aire.  Habrá que estar atentos para ver como salen afectados con las nuevas reglas del juego los del primer y último eslabón de la cadena: agricultores y consumidores.

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