La microeconomía del ocio

Hoy he tenido un día en el que iba a haber hecho mil cosas que me han ido fallando una detrás de otra, la última porque la he decidido yo. Una invitación para un estreno de cine no disponible, una visita de un amigo que finalmente no está en Madrid, un concierto con entradas agotadas y una amiga a la que no he visto porque he decidido que tenía escribir. De repente he entrado en mi momento blogger-inspiración pero… ¿Qué es lo que me ha hecho inspirarme hoy? La gestión de las expectativas. 

En realidad, las decisiones que tomamos sobre cómo ocupar nuestro tiempo están basadas en decisiones microeconómicas o lo que es lo mismo, en decisiones basadas en expectativas. Siempre que tomamos una decisión sobre qué hacer en nuestro tiempo de libre, es para hacer algo que nos satisfaga, es decir, es porque tenemos una expectativa de que nuestra decisión nos va a aportar una recompensa positiva. ¡Piénsalo!

Por ejemplo, si el sábado tienes plan para ir a la montaña pero el viernes tienes una cita con amigos en la que sabes que lo pasarás bien, tienes la opción de salir el viernes a cenar y tomarte unas copas o bien descansar toda la noche y estar fresco para la montaña el día siguiente. (En este ejemplo podemos cambiar montaña por niños para quien aplique). Si tomas la primera decisión, cuidado con la resaca, deberías dormir un mínimo de horas, es decir, gestionar tu tiempo, si quieres llegar a lo alto de la montaña (o para aguantar gritos y llantos todo el día). Si alguien tiene ganas de ir a un concierto dentro de unos meses, valorará la compañía adecuada para poder disfrutarlo lo mejor posible, así como el coste, el lugar, la duración, el día y la renta de que dispone. Su expectativa de conseguir ir al concierto y pasarlo bien será la motivación para tomar fácilmente decisiones que  le lleven a cumplirla.

Desde mi punto de vista, las decisiones sobre cómo distribuir nuestro tiempo y los planes de ocio, se gestionan desde tres perspectivas; económica, temporal y emocional. Hay muchas variables que afectan a las decisiones relacionadas con la gestión de nuestro tiempo; el coste de llevar a cabo esos planes, así como la renta disponible presente y la que se espera futura, la duración que implican esos planes, la recompensa que cada uno va a obtener llevando a cabo esta decisión en lugar de otra y el coste de oportunidad de hacer una cosa y no la otra. Esto último es el riesgo que tienes que asumir cuando tienes varios planes y te arriesgas a perderte el mejor plan por haber elegido ir a otro. ¡Ups!

Perspectivas económicas 

La esperanza de tener una situación económica determinada en un momento concreto, es lo que nos hará tomar decisiones que a pesar del esfuerzo, estén enfocadas a lograr esta expectativa. Por ejemplo, me gustaría hacer un curso de fotografía. Para lograr hacerlo tengo que conseguir 2.000 euros, todas mis decisiones irán encaminadas a lograr esa situación económica. O por el contrario, tener la expectativa de estar ganando mucho dinero en un año. Mis decisiones presentes estarán influenciadas por la expectativa futura de ganar mucho dinero.

Perspectivas de gestión del tiempo 

Es difícil cuantificar el tiempo, sin embargo, sólo uno mismo es responsable de gestionarlo para lograr optimizarlo. En el ejemplo que ponía anteriormente sobre tomar unas copas y salir a la montaña al día siguiente, cada uno deberá valorar la recompensa que conlleva tomar una u otra decisión. Puedes decidir salir sólo a cenar pero si después decides qurdarte y bebes demasiadas copas, no sólo tendrás menos tiempo para dormir, sino que al día siguiente tendrás resaca y pensarás que habrías estado mejor durmiendo (aprovechando el tiempo de otra manrra) pero si no las bebes y te apetecen, la recompensa a tus expectativas no estará satisfecha y sentirás que tu tiempo no estuvo bien gestionado. ¿Qué expectativa te compensa más, las copas y el cansancio o dormir y el descanso?

Perspectivas emocionales 🙂 😦 😀 😥 ❤

Estas son, en mi opinión, las que más marcan nuestras decisiones aunque no seamos conscientes de ello. Las decisiones sobre como planificar nuestro ocio, dependen en gran medida de como creamos que esas actividades nos van a hacer sentir. Las expectativas emocionales influyen sin darnos cuenta en todas nuestras decisiones, por ello se conocen como “expectativas adaptativas”, es decir, aquellas influenciadas por nuestra experiencia vital. Si planeas celebrar tu cumpleaños como todos los años,  tu expectativa es que todo salga igual, si algo falla o alguien importante no va, la expectativa no cumplida llevará a sentir frustración. Si siempre vas a un restaurante porque la experiencia es positiva, seguirás yendo con la expectstiva de que todo salga igual. O si es una película que esperas espectacular porque te encanta el director, no esperas que acabe siendo un fiasco. 

La incertidumbre juega un papel fundamental en nuestras vidas, en la sociedad y en la economía. A menudo, lo que nos hace tomar ciertas decisiones, estar o no contentos y sentir más o menos felicidad es el grado de cumplimiento de nuestras expectativas. Por ese motivo, aprender a gestionarlas de una manera racional es un método eficaz para lograr la recompensa que esperamos.

¿Y tú, controlas tus expectativas?

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